La comunidad de inteligencia estadounidense en crisis.
Por Theo Belok.
La dimisión de Tulsi Gabbard como jefa de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) de Estados Unidos(1) fue otro duro golpe para la credibilidad del movimiento político que llevó nuevamente a Donald Trump a la Casa Blanca. Durante meses, Gabbard había sido vista como una de las últimas figuras del entorno republicano que aún defendía la línea original del trumpismo: rechazo a nuevas guerras, crítica al intervencionismo exterior y oposición a una escalada militar tanto en Ucrania como en el Medio Oriente. Su salida reciente deja la sensación de que esa etapa ha llegado definitivamente a su fin.
Gabbard argumentó la necesidad de cuidar a su esposo Abraham, diagnosticado con un tipo muy raro de cáncer de hueso.
El golpe político se vuelve todavía más significativo tras la derrota del congresista Thomas Massie en las elecciones republicanas de Kentucky. Massie representaba uno de los últimos perfiles disidentes dentro del Partido Republicano, especialmente crítico con el gasto militar y con la creciente influencia del aparato tradicional de Washington sobre la agenda de Trump. Con su caída y la salida de Gabbard, el núcleo que prometía una ruptura con la vieja política estadounidense parece completamente desarticulado. El movimiento de Trump, se asemeja cada vez más al Partido Republicano neoconservador globalista de la era Bush.
Muchos de los votantes que habían depositado expectativas en el segundo mandato de Trump observan ahora un escenario muy distinto al prometido durante la campaña. Lejos de reducir tensiones internacionales, la política exterior de la administración republicana parece avanzar hacia nuevas confrontaciones. La guerra contra Irán y la posibilidad de una escalada militar en una región sensible, generan preocupación y oposición incluso entre sectores conservadores que respaldaron a Trump precisamente por su discurso contra las guerras interminables.
La percepción de desgaste también se intensifica por la falta de resultados concretos en cuestiones internas. El malestar económico, la sensación de estancamiento institucional y las disputas permanentes dentro del Partido Republicano han erosionado el entusiasmo inicial de buena parte de la base conservadora y nacionalista. El trumpismo atraviesa una crisis de identidad: ya no parece representar una fuerza antisistema, sino una administración atrapada en las mismas dinámicas de poder que prometía combatir.
En ese contexto, las elecciones de medio mandato en noviembre de 2026, aparecen como un desafío extremadamente difícil para los republicanos. Las señales políticas y el creciente desencanto dentro de su propio electorado alimentan los pronósticos de una derrota significativa. Aunque los demócratas tampoco generan un entusiasmo masivo, la fragmentación interna republicana y la pérdida de figuras simbólicas como Gabbard, Massie, y Greene podrían terminar debilitando decisivamente las posibilidades del oficialismo.
Al mismo tiempo, aumenta la sensación de incertidumbre sobre el rumbo que tomará Trump en los próximos meses. Algunos sectores temen que, frente al deterioro político, la Casa Blanca recurra a medidas cada vez más agresivas en política exterior con el objetivo de recuperar iniciativa y cohesionar a su base electoral mediante un discurso de confrontación internacional.
Mientras tanto, crece un descontento silencioso en amplios sectores de la sociedad estadounidense. Cada vez más ciudadanos perciben que las promesas de transformación profunda quedaron diluidas entre disputas internas, intereses de poder y decisiones contradictorias. La demanda de cambios reales, mayor justicia y un rumbo político más claro sigue presente, pero las expectativas que alguna vez despertó Trump parecen haberse debilitado de forma considerable.
La salida de Tulsi Gabbard no solo representa la caída de una funcionaria importante. Para muchos, simboliza el cierre definitivo de una etapa política que había generado expectativas de ruptura con el establishment tradicional. Hoy, esas esperanzas parecen más lejanas que nunca.
Para muchos simpatizantes de MAGA, la acumulación de renuncias y derrotas internas confirma que el proyecto original de Trump atraviesa una crisis irreversible y que la promesa de una transformación profunda del sistema político estadounidense ha quedado prácticamente desvanecida.
Poco antes de renunciar, sectores de medios alternativos y figuras políticas (como la congresista Anna Paulina Luna) señalaron que agentes de la CIA habrían ingresado o tomado control de su oficina para incautar archivos clasificados que ella pretendía hacer públicos (relacionados con el asesinato de JFK y el programa MK-Ultra). Tanto voceros de la propia oficina de la DNI como agencias gubernamentales emitieron comunicados negando que dicho "allanamiento" o toma física de la oficina haya ocurrido.
Pero es cierto que Gabbard había sido excluida de su función principal (servir como nexo entre las casi veinte Agencais de Inteligencia de EE.UU. y el presidente Trump) debido a su oposición a la guerra contra Irán.
LA ESTOCADA FINAL ANTES DE PARTIR: LOS FAUCI FILES
En sus últimos días en el cargo (junio de 2026), Gabbard publicó una serie de documentos desclasificados denominados por sus partidarios como los «Fauci Files». Publicó un monólogo en video alegando que el Dr. Anthony Fauci financió investigaciones de "ganancia de función" (alteración genética de virus) en el Instituto de Virología de Wuhan que «desencadenaron la pandemia de COVID-19», y que mintió al Congreso y manipuló informes de inteligencia.
Los archivos desclasificados contienen subvenciones concedidas a través de la organización EcoHealth Alliance que financiaron estudios sobre coronavirus de murciélagos en el Instituto de Virología de Wuhan. Para este sector, modificar genéticamente un virus para estudiar su transmisibilidad cae dentro de la definición práctica de investigación de ganancia de función.
Hace un año y medio, en enero de 2025 publiqué una investigación que titulé "Nueva pandemia" y donde señalaba la responsabilidad de Fauci en el origen de la crisis sanitaria. En aquel momento todo parecía una teoría conspirativa, nuevamente el tiempo me dio la razón.
El actual Secretario de Salud Robert Kennedy Jr, escribió una gran investigación que señalaba a Fauci en plena pandemia.
Tras comprar Twitter, Elon Musk quien casi muere con la vacuna del Covid19, también había amenazado con revelar una serie de documentos comprometidos sobre Fauci. Pero aparentemente cedió ante presiones de China de no publicarlos, Musk posee en aquel país su gran mercado de automóviles eléctricos.
OTRAS IMPORTANTES RENUNCIAS EN EL MOVIMIENTO AMERICA FIRST
*Joe Kent es un exoficial del Ejército y exfuncionario republicano estadounidense. Nombrado por Trump en febrero de 2025 y confirmado por el Senado en julio del mismo año, Kent lideró el Centro Nacional de Contraterrorismo hasta marzo de 2026. Dimitió en protesta por la intervención militar de EE. UU. en Irán, argumentando que el conflicto respondía a “presiones de Israel y su poderoso lobby estadounidense” (2) y que Teherán no suponía una amenaza inminente. Sus declaraciones suscitaron acusaciones de antisemitismo y críticas de la Casa Blanca, que lo calificó de “débil en materia de seguridad”. Terminó alejándose del círculo trumpista denunciando que el movimiento había abandonado sus principios originales, especialmente en política exterior.
* Thomas Massie: llevaba tiempo enfrentado con Trump por el gasto militar, la ayuda militar a naciones extranjeras, la política exterior y el crecimiento del aparato federal. Tras perder las primarias respaldadas por Trump, profundizó sus críticas al establishment republicano.
*Marjorie Taylor Greene: quizá el caso más simbólico. Pasó de ser una de las principales defensoras de Trump a cuestionarlo públicamente por las guerras exteriores, el manejo del caso Epstein y la expulsión de figuras leales del movimiento MAGA. Incluso Trump llegó a atacarla públicamente y romper relaciones políticas con ella.
*Tucker Carlson: aunque no es político, se convirtió en una de las voces más influyentes de la derecha antiintervencionista y criticó duramente a Trump por la guerra hacia Irán. Ha comenzado a criticar fuertemente la alianza incondicional con Israel.
*Candace Owens: rompió con Trump por la guerra contra Irán y comenzó a acusar a su entorno de haber traicionado las promesas originales de MAGA.
*Alex Jones: otro aliado mediático que pasó a cuestionar abiertamente la deriva internacionalista y militarista de la administración.
*Elon Musk: fue probablemente la ruptura más impactante. Después de haber financiado fuertemente a Trump y liderar DOGE, empezó a criticar públicamente el enorme paquete de gasto republicano, diciendo que estaba “decepcionado” y que el proyecto destruía los objetivos de austeridad. Incluso calificó algunas iniciativas fiscales republicanas como una “abominación repugnante”.
*Steve Bannon: aunque sigue apoyando parcialmente a Trump, comenzó a advertir públicamente sobre la pérdida de rumbo ideológico del movimiento y el avance de sectores globalistas dentro del Partido Republicano. Profetizó que la guerra contra Irán destruiría y fragmentaría su movimiento.
*Matt Gaetz: tomó distancia en varios temas vinculados al gasto federal, la política exterior y las tensiones internas del movimiento MAGA.
En solo cinco meses el movimiento de Trump parece desmoronarse. Para muchos seguidores desencantados, la salida o rebelión de estas figuras de alto nivel confirma que el “Trump insurgente” quedó atrás y que el movimiento fue absorbido por las mismas estructuras que prometía combatir.






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