TEORIA ECONOMICA SOBERANISTA - INTRODUCCION PARA ACTIVISTAS.

 Por Theo Belok.



Hacia un nuevo paradigma económico
:
sujeto relacional, economía simbólica y desequilibrio endógeno

La economía como ciencia no solo atraviesa una crisis profunda de credibilidad, sino también teórica y paradigmática. Los modelos dominantes, herederos del marginalismo neoclásico, liberales, monetaristas, austriacos y keynesianos, muestran una creciente incapacidad para explicar fenómenos del sistema económico dominante: financiarización extrema, crisis recurrentes, divergencia entre crecimiento financiero y estancamiento productivo, precarización laboral persistente observado en economías avanzadas, y una concentración inédita del poder financiero. Esta incapacidad no se debe a errores técnicos menores, sino a supuestos fundacionales obsoletos acerca del sujeto económico, del objeto de estudio de la economía, los modelos abstractos alejados de la realidad y de la dinámica misma del sistema.

En este ensayo –resumen del libro que estoy desarrollando- propongo los fundamentos de un nuevo paradigma económico, cuyo eje central es la distinción estructural entre economía real y economía simbólica, articulada a través de un nuevo sujeto económico relacional, una epistemología del valor intersubjetivo, una teoría del desequilibrio endógeno y una nueva teoría de la explotación. Lejos de buscar nuevos enfoques dentro del paradigma existente, sostengo uno nuevo. La economía dominante resulta internamente coherente pero históricamente desfasada, diseñada para un capitalismo industrial que ya no existe como forma hegemónica. El sistema dominante hoy es el financierismo. 

1. El sujeto económico:
del individuo abstracto atomizado al individuo integrado-relacional.

La Teoría Económica Soberanista critica el sujeto económico ortodoxo:
el homo economicus  -racional, maximizador, individualista atomizado y abstracto- el mismo no constituye una simplificación inocente, ni heurística, sino una idealización sesgada que conduce a una distorsión antropológica con consecuencias lógicas claras, esta figura moldea toda la teoría económica ocultando relaciones reales de podercaricaturizando la acción estatal como contraproducente por definición. Y claro está, el mismo es un agente económico a la medida del equilibrio de mercado. Incluso las versiones contemporáneas con ajustes conductuales que explican “fallas de mercado” no abandonan realmente este núcleo. También resulta distorsivo e insuficiente el sujeto racionalista, individualista y subjetivista extremo de los marginalistas austríacos que siguen con esta misma dinámica que invisibiliza relaciones de poder, justifica monopolios, desigualdades, concentración de riquezas, y diatribas anti-institucionales por defecto. No por casualidad muchos de ellos defienden el anarquismo de mercado. La mayoría no advierte el error o la manipulación subyacente del sujeto económico para lograr resultados ideológicamente esperados.

Frente a ello, se propone aquí un nuevo sujeto económico más realista: no maximizador, sino satisfaciente; dotado de racionalidad limitada; atravesado por sesgos cognitivos; capaz de errar; influido por emociones y expectativas como el optimismo, el pánico, la confianza, la seguridad o la aversión a la pérdida; sensible a sugestiones simbólicas y narrativas colectivas. Este sujeto no persigue únicamente la maximización de una función de utilidad individual, sino la búsqueda de autonomía y bienestar, propios y compartidos con su familia, su grupo y su comunidad.

No se trata simplemente de incorporar realismo antropológico a la economía, sino de asumir una ontología social distinta: el individuo no es atomizado ni previo a la sociedad, sino situado, integrado y relacional, actuando bajo condiciones estructurales de incertidumbre. En contextos dominados por deuda, relaciones de poder, expectativas, convenciones, valoraciones intersubjetivas, el comportamiento económico no puede entenderse sin referencia al entramado institucional y simbólico que lo condiciona.

Este sujeto es coherente con un sistema donde el valor no emerge exclusivamente del trabajo, ni solo de valoraciones individuales subjetivas, sino de un valor integral-relacional e intersubjetivo. 

Dentro del comportamiento económico se distinguen dos categorías principales: no solo hay agentes creadores de valor económico, sino también agentes extractivos de valor. En otras palabras, por un lado quienes ganan el pan con el sudor de su frente, trabajando y produciendo valor socialmente útil y por otro lado quienes viven del esfuerzo, el trabajo y la producción de otros. La primera es la clase productiva, la segunda es la clase que he bautizado como extractiva, es más que solo una clase rentista. Esto explica muchos fenómenos que otras teorías ocultan o invisibilizan. En el libro que estoy escribiendo, realizo  una genealogía que comienza en tiempos remotos con el choque entre sedentarios y nómadas.

Por tanto, la redefinición del sujeto no es un ajuste periférico, sino una condición necesaria para comprender la economía contemporánea,  sus tensiones inherentes y el origen de las mismas.

II. ¿Qué estudia la economía?:
la omisión estructural de la economía simbólica
.

Tradicionalmente concebida como la ciencia que estudia la asignación eficiente de recursos escasos, bajo el supuesto que la misma se realiza automáticamente de manera descentralizada. Esta definición resulta insuficiente para explicar un sistema donde el sector financiero-monetario ha adquirido una autonomía funcional, centralizada, extractiva, asignativa y redistributiva regresiva de valor respecto de la producción real y la amplia cantidad de sectores de la economía.

Lo que la teoría dominante ignora o minimiza es la expansión de la economía simbólica: el conjunto de representaciones de valor —dinero, crédito, bonos, acciones, derivados, títulos de deuda— cuyo crecimiento no está directamente anclado en la creación de riqueza real. Esta expansión no es neutral ni meramente instrumental; posee una lógica propia, autorreferencial y acumulativa. Expresan relaciones de poder extractivas, que generan explotación sistémica, ineficiencias, descoordinaciones y desequilibrios. 

Mientras la economía real se encuentra limitada por capacidades productivas, recursos materiales y necesidades efectivas -tendiendo a un crecimiento lineal o limitado-, la economía simbólica presenta una dinámica tendencialmente exponencial, impulsada por fórmulas de interés compuesto, la deuda expansiva y la creación endógena de dinero por el sistema bancario de reserva fraccionaria. La divergencia entre ambas no solo amplía desigualdades, sino que genera una brecha estructural que se convierte endógenamente en fuente de explotación, descoordinación y crisis.

Particularmente relevante es el hecho, sistemáticamente subestimado, de que la mayor parte de la masa monetaria moderna es creada por el sector bancario privado mediante la emisión de crédito. El dinero, lejos de ser un velo neutral, constituye un bien social que ha sido privatizado, pasando a  organizar derechos, libertades, obligaciones y relaciones de poder. Su control privado implica que la lógica de acumulación financiera se impone sobre las necesidades productivas y sociales.

En este marco emerge una lucha estructural entre el sector productivo -creador de valor real- y el sector extractivo/financiero, que se apropia de valor generado por otros sin contribuir directamente a su creación. Esta relación se expresa de manera paradigmática en el vínculo acreedor/deudor, que puede adquirir características de servidumbre moderna, reconfigurando y ampliando la clásica lucha de clases hacia una dimensión financiera y transversal.

III. Una nueva categoría central:
equilibrio y desacople entre riqueza real y simbólica

Para conceptualizar esta realidad, introduzco una nueva formulación de equilibrio estructural:

Riqueza real (Rr) = Representaciones simbólicas (Rs)

Es decir, en un sistema económicamente coordinado, las representaciones simbólicas de valor -dinero, activos financieros, bonos, acciones, derivados- deberían mantener una equivalencia funcional con la riqueza real efectivamente producida o disponible. Sin embargo, en el sistema financiarista esta equivalencia se rompe de manera sistemática.

Para captar este fenómeno introduzco el 

Coeficiente Belok de cobertura real (b):

Rr = b · Rs

donde b = Rr / Rs

Este coeficiente permite visualizar y medir el desacople estructural entre economía real y economía simbólica. Cuando "b" disminuye persistentemente, indica una sobreexpansión simbólica: un volumen creciente de derechos financieros, reclamos presentes y futuros, y promesas de valor que la economía real no puede respaldar.

Lejos de ser una identidad contable, "b" constituye un indicador macroestructural de fragilidad sistémica

b > 1 → economía simbólicamente contraida, o submonetizada (Rr crece más rápido que Rs, aumento de producción real sin correlato monetario)

b ≈  1 → Equilibrio sistémico (dinero = producción) el dinero y el crédito representan la riqueza real producida

b < 1 → economía simbólicamente expandida (Rs extrae Rr, aumenta la expansión monetaria y especulativa sin correlato en producción o riqueza real).

b << 1 financierismo descontrolado. Expansión Rs desacoplada de Rr. 
Apropiación Asimétrica (presión  inflacionaria, intereses, deuda creciente, nacen burbujas, pérdida poder adquisitivo) 

b → 0 → Colapso (crisis, default, saqueo, extractivismo y Apropiación Asimétrica extrema) los derechos financieros terminan transformándose en reclamos directos sobre activos reales estratégicos.

El deterioro de "b" anticipa crisis financieras, procesos de endeudamiento insostenible y ajustes violentos mediante inflación, deflación, quiebras, desempleo masivo y transferencia de riqueza. De este modo, se demuestra como la crisis deja de ser un shock exógeno y pasa a entenderse como resultado endógeno del propio funcionamiento del sistema y la dinámica de los distintos sectores.

IV. El problema central: desequilibrio endógeno

El paradigma dominante asume, explícita o implícitamente, que la economía tiende por naturaleza u orden espontáneo al equilibrio. Los desequilibrios son vistos como desviaciones, fallas transitorias, rigideces o interferencias externas. En contraste, este enfoque soberanista sostiene que bajo las condiciones actuales el sistema tiende estructuralmente al desequilibrio, la desigualdad y el extractivismo (explotación).

La expansión autónoma de la economía simbólica, con un sujeto económico  vulnerable a expectativas, narrativas y sesgos, genera ciclos donde la euforia y el pánico contribuyen pero no determinan burbujas y colapsos, los mismos no pueden corregirse automáticamente. Las crisis no son anomalías, sino movimientos que siguen su propia lógica expansiva divergente y relaciones de poder entre sectores porductivos y extractivos, entre riqueza real (Rr) y representaciones simbólicas de valor (Rs).

En este contexto, el Estado adquiere un rol cualitativamente distinto. El Estado no interviene precios, no se apodera de todos los medios de producción, no reemplaza al mercado, ni planifica centralmente cada aspecto de toda la economía. No trata de corregir “fallas de mercado”, sino de coordinar la relación y equivalencia entre economía real y simbólica, neutralizando dinámicas extractivistas, protegiendo al trabajo y al capital productivo nacional, y garantizando soberanía monetaria y crediticia. La función estatal se redefine como garante de la propiedad privada, de la equivalencia estructural, del pleno empleo y de la justicia distributiva.


V. Epistemología del valor y nuevo lenguaje.

Finalmente, este paradigma nuevo propone una epistemología que supera la dicotomía entre teoría del valor objetiva y subjetiva, integrándolas en una concepción del valor intersubjetivo-relacional. El valor es socialmente producido, no es solo una propiedad objetiva intrínseca del bien, ni solo una preferencia subjetiva individual aislada, sino una construcción intersubjetiva mediada por relaciones, instituciones y símbolos. El valor es creado por el sector productivo (la oferta), es validado por preferencias individuales (la demanda), y es realizado por el intercambio intersubjetivo donde las equivalencias valorativas se cruzan. 

En coherencia con ello, se introduce un lenguaje nuevo: economía real y simbólica, clase productiva y extractiva, sobreexpansión simbólica, la Nueva Teoría de la explotación, el Coeficiente Belok de cobertura real, Teoría General Monetaria, Nueva Teoría del Ciclo, el principio dual de la Utilidad Marginal y una Teoría Dual del Intercambio que muestra cual es la condición necesaria y la suficiente para que se realice y como la intermediación financiera distorsiona los precios de mercado, evitando su función orientadora.  

VI. Nueva Teoría de la Explotación

La lógica de expansión financiera infinita es insostenible en un mundo donde la expansión de la economía real es finita. El sistema analítico que propongo reformula la Teoría de la explotación, actualizando y corrigiendo categorías anacrónicas de clases sociales, para acabar con la explotación inherente del sistema dominante.  

La idea clásica de explotación -la apropiación del plusvalor del trabajador por el empresario- no solo era errónea en su análisis por el reduccionismo del “valor trabajo” como único factor creador de valor, hoy resulta limitada para explicar las dinámicas del siglo XXI donde la explotación es a mayor escala y nivel sistémico. Actualmente, a pesar de la existencia de regulaciones y mejoras relativas en las condiciones laborales, no solo el empleado, también el empresario comparten una misma posición frente al poder financiero: ambos forman parte del sector productivo de riqueza real basada en lograr la satisfacción de necesidades sociales, pero ambos se encuentran en relación de servidumbre por deudas, intereses, intermediaciones abusivas, siendo explotados por el sistema extractivista financiero que se apropia de ese valor sin haberlo generado. 
En esta nueva reformulación se rechaza como antagonismo principal el anacrónico burgues/proletario, en su lugar señalo un antagonismo mucho más significativo sistémico entre clases sociales intertemporales (productivas/extractivas) y (acreedor/deudor), y entre lógicas de crecimiento incompatibles (lineal/exponencial).

La economía real sostenida por la clase productiva, solo puede crecer linealmente, estabilizarse o declinar; nunca puede sostener crecimiento exponencial.

La economía simbólica (monetaria-financiera) dominada por la clase extractiva crece por diseño exponencial o autorreferencial, sin fricción ni límites físicos. 

Una parte del sistema crece por leyes físicas. La otra parte crece de manera autónoma, por leyes matemáticas (interés compuesto, multiplicador bancario, reserva fraccionaria).

La brecha se ensancha, el desacople es inevitable e insostenible, sobreviene la crisis. Esa brecha en expansión es la que denomino Apropiación Asimétrica macroeconómica (ApA macro). Existe también una ApA micro, que opera a nivel de los intercambios comerciales, mediando de manera distorsiva entre oferentes y demandantes, alterando precios y equivalencias valorativas. Todas son extracciones de valor que el sistema financiero ejerce sobre la economía productiva.

Revelar la fuente y el origen de la explotación estructural despertará conciencias, y abrirá caminos para brindar una mayor estabilidad y prosperidad económica al ciudadano y la sociedad. 

El sujeto económico despierto se convierte en sujeto político intentando recuperar el control del Estado para que sirva a los intereses de la clase productiva, neutralizando la apropiación asimétrica del sector financiero que había cooptado el poder del Estado y sus regulaciones a su favor. 

Conclusión 

El paradigma económico vigente no fracasa por falta de sofisticación técnica, sino porque se apoya en supuestos antropológicos, epistemológicos y estructurales que ya no corresponden al sistema económico contemporáneo. La propuesta aquí desarrollada ofrece una alternativa coherente y sistémica: un nuevo sujeto económico, una redefinición del objeto de estudio de la economía, una categoría central capaz de diagnosticar el desacople real–simbólico y una teoría del desequilibrio endógeno.

Como todo cambio paradigmático, este enfoque reabre el debate económico en un nivel más profundo, para que la economía vuelva a ser una herramienta para comprender y transformar la realidad social para el bien común, y no un sistema teórico abstracto al servicio de sectores privilegiados.

En unos días publicaré aquí en este sitio, la versión académica de este ensayo. 

Por Theo Belok, padre de la Teoría Soberanista; escritor y analista geopolítico, autor de "Trump contra el Globalismo" y "Globalismo: ¿Qué es y cómo derrotarlo?". Sigue sus análisis en su sitio oficial: teoriasoberanista.com


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