LA TERÍA DEL LOCO: El Arte de Gobernar desde lo impredecible

 Por Theo Belok


Durante su segundo mandato, Donald Trump ha llevado la impredecibilidad al centro de la política exterior estadounidense. Su comportamiento errático no es meramente personal; ha sido elevado a una estrategia conocida como la "Teoría del loco".

Este enfoque, inspirado en la táctica de Richard Nixon durante la guerra de Vietnam, busca proyectar la imagen de un líder capaz de tomar decisiones extremas en cualquier momento. La lógica es simple: si los adversarios creen que el presidente es impredecible y potencialmente irracional, preferirán ceder antes que arriesgar una reacción desproporcionada.

Trump ha usado esta estrategia para debilitar compromisos tradicionales —como la defensa mutua en la OTAN—, presionar a sus aliados a aumentar su gasto militar y alterar el equilibrio de poder global. Su trato hacia Europa ha oscilado entre el desprecio y la exigencia, lo que ha generado respuestas concretas como el aumento del presupuesto de defensa en varios países miembros.

Sin embargo, esta doctrina tiene límites. Mientras algunos aliados se han visto forzados a adaptarse, adversarios como Rusia e Irán han mostrado mayor resistencia. En algunos casos, sus acciones han producido efectos contrarios a los deseados: Irán, por ejemplo, podría estar más decidido que nunca a obtener armas nucleares como medida disuasoria.

La paradoja de esta estrategia es que, cuanto más se repite, más predecible se vuelve. Además, al depender tanto de la personalidad de un solo individuo, genera dudas sobre la fiabilidad de Estados Unidos como socio a largo plazo.

Lo que queda claro es que esta forma de liderazgo está obligando al mundo a reacomodarse. Europa comienza a contemplar una autonomía estratégica frente a Washington, y el orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial está siendo cuestionado desde dentro por la potencia que lo fundó.


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